Mi adolescencia en Villa de Soto

Mi adolescencia en Villa de Soto

Por Susana Chirino

Villa de Soto

Llegué a Villa de Soto allá por el 65, con 10 años, mi familia y un destino incierto que me depararía casi 8 años de estadía en ese lugar. Oriunda del sur de la provincia de Ceba. llana y agropecuaria, lo primero que me llamó la atención fue cruzar el puente del río cristalino para llegar al pueblo, por la única calle asfaltada, bordeada de plátanos que me parecían gigantescos.

 En el "centro”, esa recova tan antigua, y esa iglesia de una arquitectura nueva para mí, parecían salidas de algún libro de historia, las calles recorridas por canales, que más tarde aprendería que se llamaban acequias, era un antiguo sistema de riego de muchas provincias del norte, y en la plaza....  estaban en el medio de la vereda. Hoy, a muchos kilómetros de distancia puedo viajar en el tiempo y volver a ver la cara de su gente, sus paisajes, hasta percibir los olores típicos de sus árboles, sentir el ruido del río en el verano, que a falta de profundidad para los juegos, obligaba a los mayores rumbear hacia La Toma, por ese camino de tierra, en cuyo inicio, al costado de "los Calandri"  (apicultores) había una casona casi abandonada, donde imaginábamos (los niños) sucederían cosas fantasmales, apariciones y otras yerbas.

Nunca supe quien vivía allí. El trayecto a La Toma, con el canto de las chicharras de fondo musical, nos llenaba de tierra y sudor, ideal combinación, para apenas llegados a la primera parada: el paredón, nos tiráramos de cabeza o de patas, según el nivel del agua en ese momento. Después de un rato, insistir hasta conseguir nos llevaran a los cajones, sitio peligroso según nuestros padres, por las piedras, chelcos y alguna que otra viborita que anduvieran por allí.

 Pero al final.... después de la siestita debajo de un arbolito refrescante, allá nos íbamos, camino arriba en busca de nuevas experiencias acuáticas. A la tarde, tarde, ya bañadas e incendiadas nos sentábamos (con mis amigas) en el cordón de la vereda de casa, porque a esa hora comenzaba la "Propalación Deporte" donde la voz de un locutor, nos acercaba la movida musical internacional de esos años (un poco atrasada, por cierto)

 Con los años también descubriría un camino, casi al fondo del pueblo, que alguien me dijo (espero sea verdad) formaba parte del Camino del Inca, una especie de sendero empedrado que se perdía por allá, camino hacia el Hogar de Ancianos. Y la miel, que en panales nos sabia regalar Calandri, supe verla aquí en Buenos Aires, en un negocio de productos dietéticos y enterarme que era buena, muy buena, y también se exportaba. Me acuerdo del tiempo de clases, de marzo a noviembre, Soto (como lo llamamos nosotros) era un jolgorio. Bandas de adolescentes de todas las provincias limítrofes estudiaban allí, fundamentalmente en el colegio de las monjas Santo Domingo, en el comercial José Manuel Estrada y en la escuela técnica ENET Nº 1.

 Soto era el "oasis del noroeste cordobés" y nosotros una especie de tribus que combatíamos en torneos de vóley, despuntando romances y sueños y compartiendo noches bailes en el único boliche, el emblemático Lílle, donde además estrenábamos zapatos y jeans pata de elefante allá por los 70, mientras los mayores mataban las aburridas noches, cazando ranas o vizcachas en algún campo vecino. Me llegan también las serenatas y guitarreadas después de cenar, con los pies dentro de las acequias y compartiendo puchos y mates, el tiempo parecía no avanzar.... y era bueno que así fuera. Pero la vida siempre te propone alternativas, y mis viejos la tomaron. Decidieron que era tiempo de partir hacia otras latitudes, Y nos fuimos.... un poco después me radiqué en la ciudad de Córdoba a estudiar en la Universidad, pero siempre volvía los fines de semana a la casa de una amiga... como ahora ...estoy volviendo en el recuerdo, como algunas tardes, sentada en mi jardín, en esa especial hora que el sol nos dice chau, vuelvo a recordar el silencio de la Villa, su tranquilidad, sus olores y las siluetas… allá al fondo de mi casa, de esas sierras que jamás olvidaré.

 Bs. As. 18/5/ 2006